El Jardín de las Delicias: Versión cuántica.

Según la teoría clásica, un partícula viaja de a A a B siguiendo una ruta fija y empleando una línea recta. Pero según la teoría de la electrodinámica cuántica, que es capaz de unificar con éxito la teoría de la relatividad especial y la mecánica cuántica, algo ignoto para un humano normal, esta partícula no sólo puede moverse de A a B en línea recta, sino que también puede moverse de A a B por infinitos caminos. Y para rematar: la partícula viaja por todos a la vez.  Hagas lo que hagas, empezarás en A y llegarás a B. Lo demás, pues depende. No obstante, el movimiento siempre es hacia adelante, y esto tampoco lo digo yo, es, más bien, un axioma científico. Creación constante e instantánea que somos capaces de observar porque, en el fondo, nuestra realidad no es más que una expresión de la conciencia que lo engloba todo, que dota de sentido lo que nos rodea y que aporta significado a todo lo que somos capaces de entender. Nos movemos de A a B transitando por vías de probabilidades infinitas. El pasado es una manifestación de ese camino, un estado más. El presente es el instante, el infinito condensado en un suspiro, una decisión o un mal paso y el futuro es el instante de después, lo que nos mueve, lo que nos inspira, lo que nos aterra; el estado que alberga todas las posibilidades.

Nuestra realidad, es, por tanto, el camino elegido en esta maraña de probabilidades y está condicionada por nuestro cerebro, que hace las veces de procesador de nuestro entorno. Compleja estructura material que registra nuestra actividad de manera ordenada y precisa para que nuestra experiencia de A a B parezca una línea recta, sin altibajos. Continua y veraz, como los 24 fotogramas por segundo, así es nuestra percepción de la realidad, un engaño que nos mantiene como criaturas sustentados por la ley natural y la multitud de atributos que de ella se desprenden. Todo está diseñado para encerrar la perfección en una creación abundante y en constante recreación de sí misma, cuyo lenguaje más común (el que somos capaces de entender), las matemáticas, y en última instancia, su uso para la física y la biología, nos permiten entender nuestra posición en el mundo. Como atributos de esta conciencia, elegimos nuestro camino constantemente, adecuando nuestra realidad a aquello que somos capaces de entender y razonar (o no). La selección natural, la evolución y el libre albedrío de la materia compactada generadora de vida son sólo manifestaciones de la Unicidad, idea que somos capaces de entender porque está diseñada para que nuestros sentidos se nutran de ella, para comprender, en última instancia, que El Todo también participa del opuesto: la unidad en la multiplicidad.

La criatura, como atributo de esta Conciencia, y sometida a sus propias leyes, se erige como vía de conocimiento, como vehículo para el recuerdo, y, en última instancia, la extinción. Sin embargo, las elecciones del mundo material basadas en ideas y conceptos adquiridos en el tránsito de A a B sin consciencia en la Unicidad nos hacen dar tumbos al servicio de las estructuras del mundo, unas estructuras complejas y basadas en unos preceptos mercantilistas que ponen al ser humano medio, el pequeño hombre de este mundo, como moneda de cambio fácilmente desechable, sin importar la miseria que eso pueda generar. No somos libres o no todo lo que creemos.

Se nos obliga a analizar el mundo de manera continua, ilusoria. Constantemente y de manera simultánea, y casi siempre de manera inconsciente, elegimos entre una infinidad de posibilidades nuestro camino en el mundo, convirtiéndonos así en creadores de nuestra realidad y cocreadores de la realidad en la que vivimos. Es, por tanto, nuestra obligación entender e integrar nuestra verdadera realidad para entender esa dinámica y usarla en nuestro favor. Es comprensible, no depende de la fe, ni de las creencias, es incluso algo fácil de interpretar, aunque solo sea intelectivamente. Debemos sobrepasar esas capas de falsedad y mitos, para alcanzar (a entender) la Verdadera Realidad. Entender la Unicidad no como un concepto espiritual inalcanzable, sino como algo asequible. Piensa en aquello que se dice sobre que la observación depende del observador. Piensa, ahora, que en algún momento el observador también sera observado, por lo que ahora los roles cambian. Sujeto en objeto, observado en observador y viceversa. Y piensa que siempre, y bajo cualquier circunstancia, observado y observador son incapaces de sacar conclusiones sobre si mismos sino es a través de aquello que observan. La manipulación que realizamos como observador es única. Cada visión nos pertenece, al igual que las conclusiones sobre lo observado (meditación), por lo que sólo se puede ser en función de la información que se recibe, información que manipulamos mediante nuestro contacto único con la realidad al que todos somos sometidos constantemente.

Cabría pensar en cuál es la realidad que impera, la que creo como observador, la que soy como observado modelada por mi voluntad y transformada por la visión que se tiene de mi, mis actos y palabras. Algo interesante sobre lo que pensar. Imaginad una sala con cien personas ¿Cuál es la realidad real? ¿La realidad del que está allí sin ganas, la realidad de la que ha llegado tarde, el que tiene más autoridad sobre esas personas, el que no conoce a nadie y está nervioso… Todo son múltiples realidades. Como dijimos al principio, el instante se convierte en la prueba de que el tránsito de A a B es simultáneo, complejo y depende siempre de tu habilidad para extraer información útil con la que reafirmar tu condición de atributo de la Unicidad. Se trata de entender que el tránsito por esta vida se basa, casi esencialmente, en aprender a extraer información cada vez más precisa sobre nuestra realidad, tomar conciencia de que el universo es mental, todo es una creación materializada. Podemos extraer información a diferentes niveles y manipular nuestra realidad y cuando eso se realiza de manera consciente es cuando transformamos verdaderamente nuestro entono. Y, aunque el tránsito de A a B pueda parecer convencional, nuestra capacidad par extraer de toda esta maraña de posibilidades e información aquello que nos resulta más útil, nos acerca a nuestra esencia y nos permite vislumbrar infinidas de acciones, infinitas posibilidades. Ahora, el verdadero trabajo es, una vez entendido esto, en la medida que cada uno crea conveniente, ponerse manos a la obra. Personalmente, creo que también es bueno aprender que no siempre la actitud convencional debe prevalecer. Y como solemos decir: una sonrisa ya es portadora de bendiciones.

Si lo queremos ver de una forma poética, diríamos que somos el representante del infinito en el mundo de los sentidos y nuestro mandato último es el de reencontrar aquello que fue escondido en nosotros. El reencuentro es nuestra recompensa, pero a cambio debemos ser una mano que recolecte verdadero amor. Una existencia de amor a cambio del reencuentro. Una manera, también poética, de expresar Amor es crear, a partir de lo Infinito, un hogar para la materia en el lienzo del espacio y el tiempo. O si lo quieres ver de otra manera: cuida de tu entorno, de todo lo que te rodea porque, en esencia, no hay diferencia.

¿Y esto qué tiene que ver con la vida que vivimos? Todo, pero hay que cambiar el paradigma. Hay que pensar en estas ideas y conceptos como algo que puede venir a nosotros sin necesidad de una gran erudición y sin tener que supeditar nuestros actos a estrictas normas morales o éticas. Más bien, todo lo contrario. Tenemos que aprender a notar las diferencias del tiempo, notar lo grandes que somos aún cuando no somos apenas nada. Pero lo seremos, y eso debería bastar. Nuestro servicio es por cuenta del infinito, así que debemos pensar que el presente es a lo mejor que podemos aspirar.  Ya no necesitamos un mundo lleno de símbolos; la vida es cambio y aferrarse a algo que no sea lo continuamente novedoso es un error de percepción heredado de la condición estática de tiempos pasados. Ya dijimos que el tránsito de A a B no tenía porqué ser un camino convencional y, puesto que entendemos que somos ese atributo que sustenta una conciencia que es capaz de albergar infinitas posibilidades y todas válidas, siempre y cuando medie una actitud amorosa, no veo el motivo por el cual no intentar buscar esa parte no convencional que nos sustenta como ser para poder llegar a entender que lo que realmente somos escapa de lo material. Y, como ya hemos dicho algunas veces, desarrollar la intuición que nos guía hacia la certeza de la trascendencia es algo que debe hacerse sin más remedio desde la criatura por lo que la vida se nos presenta como una lugar lleno de posibilidades bellísimas.

Bonus histórico-artístico:

Triptico cerrado de El Jardin de las Delicias.
Jheronimus van Aken (El Bosco)
(1500-1505)

El tríptico cerrado que esconde El Jardín de las Delicias es una pieza en grisalla que representa el tercer día de la Creación del mundo según la tradición clásica. Representa el momento en el que se separaron las aguas de la tierra y se creó el Paraíso terrenal. Arriba, a la izquierda, aparece Dios Padre como Creador, según indican dos inscripciones en latín, una en cada tabla: Él mismo lo dijo y todo fue hecho; Él mismo lo ordenó y todo fue creado (Salmos 33, 9 y 148, 5) La iconografía cristiana que se desprende de La Biblia es maravillosa si se aprende a leer entre lineas. Teniendo en cuenta que la obra es de principios del Siglo XVI la licencia antropomórfica y ese “lo ordenó” son detalles completamente aceptables y comprensibles. San Juan de la Cruz fue contemporáneo de Jheronimus van Aken (el Bosco), pero él fue una excepción. En cualquier caso, si el panel abierto, lo que todos conocemos, es absolutamente brillante a todos los niveles, la representación del mundo una vez cerrado es, sencillamente, maravillosa.

La pintura es un globo terráqueo con la Tierra dentro de una esfera que representa la fragilidad del universo. Solo hay formas vegetales y minerales, no hay animales ni personas. Estricta y científicamente hablando, el tercer día de la creación, según la tradición judeocristiana, corresponde al Eón Fanerozoico, una división de la escala temporal geológica que se extiende desde hace aproximadamente 542 millones de años hasta nuestros días. El período Cuaternario, ultima fase de este Eón, es una división de esta escala que se inició hace 2,59 millones de años y llega hasta la actualidad. El homo sapiens, la evolución… Está claro que los días para ese Dios del mito creacional daban para mucho. Asombra la cantidad de años que son 542 millones de años. Y ahí está, sin faltar a su cita. La Creación Constante es bastante constante, valga la redundancia. Y ahora, tu, yo y toda la humanidad somos la punta de lanza de esta constante. Mira a tu alrededor, a tu país, a tu comunidad, tu familia y pregúntate si realmente estamos haciendo justicia a este milagro material del que somos participes.

Mis mejores deseos para todos.

Gregor


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