La naturaleza animal.

La raza humana lleva obsesionada desde siempre con su propia superioridad frente al resto de seres, como poseemos conciencia nos afirmamos como un grado superior en la evolución de la vida. – Todo el mundo ha vivido alguna vez la situación en la que un animal hace algo a nuestra apariencia ilógico o molesto y le califiquemos de idiota o le castiguemos por ello.- Todas estas ideas guardan una cierta lógica desde nuestra perspectiva, aunque dudo mucho que alguien se haya planteado que no alcancemos a ver suficiente como para juzgar. Mi opinión, que no tiene por qué coincidir con la del resto, es que esta idea está desamparada de la naturaleza real de los animales.

Un animal se encuentra condicionado por sus sensaciones, necesidades y deseos, igual que nosotros. Somos tan ególatras que creemos que por razonar y encontrar supuesto sentido a lo que hacemos estamos en un estatus superior al resto de seres. Sin embargo, la condición corporal es compartida por todos los animales y plantas, eso es un hecho en el que estamos incluidos, nos guste o no. La conciencia nos proporciona multitud de posibilidades, pero no sabemos emplearla para superar nuestra condición corporal y dejar de ser esclavos del sufrimiento provocado por nuestros impulsos y sensaciones. Cualquiera puede darse cuenta de cómo los deseos y sensaciones le mueven en su día a día, sin poder dejar de satisfacerlos cuando uno quiera. Evidentemente, somos un compuesto entre cuerpo y mente, lo que no quita que el flujo constante de pensamientos no sea regido tiránicamente por la necesidad corporal.

Al levantarnos por la mañana nuestro cuerpo comienza a moverse automáticamente para realizar sus obligaciones con la aún dormida conciencia como directora. Surge en nosotros la contradicción de nuestra mente resistiéndose a aquello que obliga al cuerpo a hacer. Nuestro deseo no deja de estar sujeto de esta forma al criterio mental que le imponemos, no pudiendo escapar de este bucle rutinario.

Por todo esto vengo a defender la naturaleza animal como condición básica del ser humano, quien se crea que por pensar es libre de toda necesidad le queda mucho por observarse. ¡No somos superiores a nada, porque hemos creado la ignorancia-ceguera! Así, quizás, los animales tengan una ventaja con respecto a nosotros humanos, al no tener una conciencia con la que superponerse a sus pulsiones al menos no sufren por tenerlos pues no saben que los tienen, no necesitan engañarse ni resistirse a ellos. Ojalá volvamos a ser inocentes como ellos.

Sencillamente, si somos conocedores de nuestra impulsividad, de nuestros deseos y de los laberintos de nuestra mente quizás encontremos un poco de equilibrio. En mi humilde opinión, podríamos empezar por bajar de nuestra nube mental de juicios y razones absolutas, siguiendo por comprender que no somos solo deseo ni emociones y sensaciones, estás son solo temporales, para terminar por encontrar la estabilidad debajo del caos incontrolado.

Jonsu.


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