Un canto a la amistad

Decir amigo es no considerar suficientemente bueno todo lo hermoso que no podamos compartir. Es sentir el corazón despierto cuando tu recuerdo me dibuje una sonrisa los días en que estamos separados por la distancia.

Es llegar a entender que la distancia entre tu y yo no existe, pues algún día entre tu y yo no habrá ningún “entre”.

Es creer que aquel día tendremos como objetivo unir nuestras vidas en la búsqueda de nuestros destinos, para que apoyados en la fuerza común, las dificultades de la ruta sean menores.

Es tener la esperanza de que, de aquí en adelante, estaremos unidos en un mismo propósito, pero manteniendo áreas de libertad en nuestra unión, de manera que los vientos de la existencia tengan su espacio diferente entre nosotros, donde marcarán su propia huella.

Es esperar a que seamos uno en los propósitos para caminar unidos por los altibajos de la vida, donde cada uno de nosotros trazará su propia huella, y tendrá su propia mirada.

Es saber que el amor que pudiera nacer hacia alguien, hoy desconocido, no será un impedimento para nuestro desarrollo, sino un tiempo nuevo de crecimiento nacido del respeto a cada individualidad.

Es aceptar en paz, para estar prevenidos, que el corazón de la persona que se entrega sin reservas a otra, da lo que no tiene y espera lo que no puede, ya que el corazón humano es el receptáculo del Misterio y sólo a Él le corresponde ocuparlo en su plenitud.

Es saber que compartiremos áreas de dolor y de alegrías y, aún así, permitiremos espacios individuales de soledad, ya que la vida no se repite ni se muestra igual en cada persona.

Es aceptar que cuando dos personas se unen crean “una tercera”, que es ¡la pareja!, ya sea de profunda amistad ó para crear una familia, por lo que no pueden valorar en menos su individualidad ya que, por medio de la humanidad que cada individualidad aporte al común, la pareja será más fuerte, más rica en virtud y en experiencias diversas.

Es aceptar que cualquier forma del amor humano es como una flor delicada, si la regamos en exceso se asfixia y si no se la riega nunca muere de sed.

Es crecer en la sabiduría necesaria para entender que todas las formas del amor han de ser prudentes en su medida. El amor ha de ser observador, respetuoso y paciente, más regido por la madurez y la cautela. Pero que también haya momentos para el torbellino de las emociones.

Es saber que si entendemos esto, ¡y lo aceptamos!, la amistad será más fuerte, más estable y duradera, y si se transforma en amor y los días del invierno de la vida llegan a nosotros, el amor humano que hayamos compartido no habrá sido un obstáculo a la entrada del Amor Pleno en nuestras almas, sino una llave para abrirle todas las puertas.

Amigo-a, mi más preciado amigo-a revestido-a con hebra de oro, velado-a antes que conocido-a, preñado-a de asombro y cómplice del secreto. Compañero-a en el atajo, complejo-a en lo diario y sencillo-a en mis visiones donde deshaces conceptos encumbrados. Eres portador-a de esperanza, pues estás presente en mi memoria de remotos tiempos.

Si tú eres cierto-a en mí, así como yo lo soy en ti, ¡andaremos!, andaremos cogidos de la mano sorteando los escabrosos senderos de la vida.Pero todo esto será cuando tu corazón esté abierto y reciba mi alma desnuda. Hasta entonces pienso en ti, como si en todos los mares se mirara tu rostro expandido entre el cielo y el silencio.


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