Recuerdo y experiencia

Los recuerdos son un atributo de la conciencia, son la causa del aprendizaje y por mediación de ellos identificamos el “yo” primario que es reforzado por la imagen especular. Llamamos experiencia al recuerdo archivado entre opuestos, por ejemplo; el acierto y el error supuestos. No obstante, cualquier opuesto es relativo, ya sea como emoción o como concepto.

Cuando pensamos en nosotros mismos o decimos; “yo soy…”, lo que en realidad estamos haciendo es recurrir a lo aprendido, al archivo de la memoria y, así como lo aprendido, la memoria también es relativa.

En cuanto a la relatividad de lo que aprendemos la memoria es selectiva, escoge y se adapta, no sólo al recuerdo cierto, sino también al recuerdo conveniente. Luego el “yo soy…” también es relativo al lugar en el que nos hemos desarrollado, al tiempo en el que esto ha sucedido y a las experiencias subsecuentes.

Por lo tanto: Así como la imagen del espejo, algunos de nuestros recuerdos se hallan en permanente modificación, aprendemos, innovamos y olvidamos. Y lo que recordamos, como experiencias que nos dan “personalidad”, no siempre se ajusta a la realidad histórica ya que, con frecuencia, la mente actúa sobre el recuerdo para seleccionar, modificar u olvidar las pasadas experiencias. Esto quiere decir que la mente ha de ser plástica y selectiva para poder ser adaptativa.

Nuestra capacidad de aprendizaje y modificación mental es considerable y se debe a la neuroplasticidad del cerebro, que es capaz de cambiar algunos registros a tenor de la voluntad o de la conveniencia, dependiendo del medio en el que nos desenvolvemos. Es un ejercicio que hacemos a veces conscientemente, según la voluntad selectiva, y en ocasiones el cerebro se adapta según su habilidad plástica sin percatarnos de ello.

Esto significa que el proceso de experiencia-recuerdo actúa sobre el aprendizaje y el aprendizaje es el que determina la modificación y adaptación, lo que no siempre es consciente pero, aún así, forma parte ineludible de nuestro desarrollo.

Esto dicho cabe plantearse; si todo en mí es viable de transformación, entonces ¿qué es lo que de verdadero hay en mí? ¿Qué es el YO estable? o ¿cómo llegar a él?

Toni


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s