Sobre la esclavitud I

La esclavitud es uno de los conceptos que más aversión nos produce en el mundo que llamamos “civilizado”. Sin embargo, tenemos conocimiento de la existencia de esclavos en algunas sociedades contemporáneas. Esclavos, simplemente, con toda la carga peyorativa del concepto. Es decir; personas convertidas en objeto y propiedad de otros con más poder. Personalmente, he sabido de algunos de estos esclavos literales que, actualmente, en África, están adaptados a su situación. Esto supone que han sido condicionados culturalmente para sentirse “conformes y felices” con su estado, es decir; les parece normal ser lo que son, ya que siempre fue así para ellos y para sus hijos. En cambio, nosotros, ciudadanos de países culturizados que vivimos en  democracia, somos libres, elegimos con plena consciencia a nuestros líderes y decidimos nuestros destinos, ¿no es así? Lo iremos viendo.

Hubo un tiempo en el que los esclavos, a semejanza de cualquier otro ganado, eran tratados cruelmente. Si morían eran repuestos. Excepto el esclavo distinguido que, a semejanza del caballo favorito, gozaba de ciertos privilegios en tanto fuera del agrado de su amo. Era costumbre que ciertos esclavos privilegiados fueran designados por sus amos para controlar o castigar a otros.  Este servicio al amo les procuraba un cierto estado de poder y privilegios que los demás no tenían. El esclavo favorito se consideraba a sí mismo como una proyección de su amo, una especie de pseudo-amo. Recientemente lo vimos en los campos de exterminio nazis o en las cárceles actuales.  Presos contra presos a cambio de privilegios.

Pero no todos los recursos son inagotables, ni tampoco el abuso de ellos es rentable. Y así como un caballo bien tratado renta más porque trabaja mejor, un esclavo bien tratado acaba por adaptarse a su estado, no piensa en revelarse contra su esclavitud porque apenas la percibe. Se le educa para ello, se le administra el bienestar que ha de ser condicionado a su fidelidad a las normas impuestas, los conceptos, y se le hace ver que las cosas son así porque siempre fueron así. De esta forma se acomoda y da gracias porque al menos come y vive mejor que antes y que otros. Así es como el esclavo-liberto resulta más rentable y fácil de manipular, siempre que el amo no exagere con sus dádivas, no sea que el esclavo-liberto saboree los aires de otra libertad y, esto, sería peligroso para “el sistema” y haría necesarios “otros” métodos de control más expeditivos. Sólo unos pocos descorren velos para ver detrás de lo meramente aparente. Esto les permite despertar a la consciencia de su estado de servidumbre y manipulación. Al ver más allá del fraude en el que viven desde que nacieron, se enfrentan a dos alternativas. Primera, si son cautos, y prudentes hasta el punto de parecer exóticas rarezas, se les dejará permanecer como simples pinceladas de color en un cuadro democrático. Segunda, si no se contienen serán considerados peligrosos para el orden establecido, por lo que habrán de someterse a una re-educación impuesta (lavado de cerebro) o afrontar su accidental desaparición. Así fue para los esclavos, desde tiempos remotos, y nada cambió en la actualidad, tan sólo el lobo perfeccionó su disfraz de cordero.

No obstante estas reflexiones no tratan sobre la esclavitud, aún cuando inicialmente lo parezca, sino que parto desde ella para una reflexión posterior.

No se nos educa para crecer, sino para servir, no se nos enseña paz sino conformismo, no se nos enseñan verdades para el desarrollo integral sino verdades ilusorias travestidas de conceptos eficaces para “el ordenamiento social” o el fortalecimiento de nuestras cadenas

Históricamente fuimos desde tiempos remotos sometidos bajo múltiples formas de esclavitud, incluidas las religiosas. Fuimos siervos del feudalismo, después fuimos súbditos de las monarquías, siempre atados en corto por las religiones oficiales y en la actualidad somos libres ciudadanos de la ¿democracia? No entro en un análisis más completo de la cuestión, ya que mi interés lleva este otro propósito de reflexión. ¿Padecemos en la actualidad alguna forma de esclavitud generalizada o verdaderamente somos conocedores de nosotros mismos y forjadores de nuestros destinos? Los estados, el gran capital y los líderes religiosos (con las excepciones que pueda haber) conforman una especie de triunvirato con un discurso común dirigido desde el verdadero poder en la sombra. Este Poder es un ente que no pertenece a nadie, pues cambia de mano a tenor de sus propias intrigas, pero tiene tal fuerza que determina a gran escala un orden social. Un orden que ya fue diseñado en un tiempo pasado para perpetuarse con el propósito de que, paulatinamente y sin darnos cuenta, adormecidos por múltiples placebos y formas de violencia, fuéramos aceptando la servidumbre de los pueblos una vez forjada y bien asentada la ignorancia encubierta de erudición. Una ignorancia tan bien diseñada, tan perfectamente camuflada, que nos ha convertido en crédulos sustentadores de nuestras propias cadenas. Hay expertos en justificar y reparar cada uno de los eslabones.

No se nos educa para crecer, sino para servir, no se nos enseña paz sino conformismo, no se nos enseñan verdades para el desarrollo integral sino verdades ilusorias travestidas de conceptos eficaces para “el ordenamiento social” o el fortalecimiento de nuestras cadenas. En el transcurso de los siglos se nos ha privado violentamente de nuestra inocencia con amenazas, burlas, castigos. Nuestros profesores, nuestros padres, nuestros amigos, las gentes, etc., inocentes víctimas a su vez del mismo fraude heredado, fueron los autores de nuestra vivisección. A semejanza de los esclavos favoritos, en nombre y representación del buen hacer del previo diseño heredado, nos seccionaron de nosotros mismos, separándonos de La Esencia del Ser que somos.

Toni.


2 respuestas a “Sobre la esclavitud I

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