La luz tras la tormenta

Hace una semana ya contemplé en silencio aquello que siempre he amado, siete largos días de comprensión sobre aquello que no alcancé a tocar. Los dos primeros, embriagado aún de aquel vital deseo. Casi no dormí como el enamorado que solo ansía ser correspondido, pues mi corazón jamás sintió tan grande impulso. Energía pura manaba de mi ser pues locamente enamorado estaba al haberte contemplado. Los siguientes días solo pude seguir tan rica danza y corresponder hasta a aquel que ni me había mirado. Así la embriaguez permanecía mientras el cansancio aparecía. Loco de amores mi corazón bailaba. Pero ya la noche se difuminó y la luz me mostró el rostro de mi desesperación. ¿Cómo amar sabiamente si en secreto debo mantener este licor de amores? Así mi desesperanza culminaba mientras me bañaba y jugaba con el humo, inocentes tradiciones de mi alma perdida en este mar de desamores. Así me volví consciente de nuevo, como la primera noche en el éxtasis de mis amores, que solo estaba y solo mi soledad me acompañaba. No me importó ser el loco, ya que dicha apariencia con gusto y humildad acepto, si en esta ciudad de ruidos y vanidad ese es el papel que al amor sin velos le han asignado.

Hoy en sueños una sombra acosaba a los míos, pero no la temía pues la verdad del soberano me daba la mano, así hasta un onírico lugar de paz viajé. Extrañas visiones, loco de verdad pretendía compartir su protección, como si en mis manos estuviese la oportunidad. Curiosos tesoros encontraba en un camino que bien conocía, minerales y piedras preciosas, mágicas verdades escondían. Una de ellas llamó mi atención y la contemplé con cuidado, una campana de azul zafiro con sacros signos que parecían hablarme. Nunca en una visión encontré tanto detalle. Despierto y consciente de mi locura he decidido acompañar el ritmo de este detalle mostrado, pues ¿cómo caminar enamorado sin haber descubierto el ritmo que mi corazón ha añorado?

Así he hecho un pacto con mi soledad y he prometido amarla pues es su secreto el que en verdad me fue revelado. Inocente, desconocedor del amor, he amado sin haberme dado cuenta de que no me estaba amando, ilusiones de amor estaba entonces proyectando. Si cielo y tierra comparten su sustento, arriba y abajo son correspondencia. Loco y enamorado he decidido entonces amar en silencio mi soledad, así el secreto quedará siempre bien atesorado en el corazón del amado, que no es otro que la soledad, el verdaderaderamente digno de ser amante de mi ser.

Jonsu


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