Trascendencia, rito y creencias en las culturas primitivas (I)

Delimitar el origen del pensamiento religioso, las creencias, la idea de trascendencia y su manifestación a través de los ritos, la magia y el arte religioso de los primeros paleantrópidos es algo sumamente complejo y delicado. Imaginar mundos pasados en los que la raza humana caminaba torpe, pero con gran ingenio y determinación, te lleva a entender muchas cosas que pasamos por alto cuando intentamos poner nombre, origen o delimitar de alguna manera esa sensación de vacío que todos los humanos hemos experimentado alguna vez, sensación que puede ser llenada con muchas cosas, pero lo que aquí nos interesa es el conocimiento, el conocimiento de uno mismo, para ser más exactos. Y es que ese conocimiento de una parte esencial del ser humano, muy poco popular hoy día, todo sea dicho, lleva miles de años acompañándonos, modelando nuestro comportamiento, nuestra manera de ser y de pensar. Es por eso que me propongo mirar hacia el pasado con la intención de descubrir otros pensamientos, otra manera de mirar la realidad con unos ojos exentos de juicios, normas o de cualquier atisbo de imposición moralista y dogmática. La manifestación de lo sagrado, independientemente de lo que uno pueda entender como sagrado, es el primer salto evolutivo de envergadura dentro de la evolución de la conciencia humana. Observar las primeras respuestas hacia los interrogantes inherentes de nuestra raza nos permite comprobar las vías que llevaron a vertebrar su vida en torno a lo sagrado.

Intentar dar forma a todo el legado ritual de estos humanos nos permite entender  lo sagrado como parte de la estructura de la conciencia. Lo sagrado como respuesta de aquello que era incognoscible. También, de modo transversal, al poner en perspectiva todos estos acontecimientos, podemos atisbar la idea de una unidad fundamental de los fenómenos religiosos.  No sabemos con exactitud en qué momento el ser humano dio ese gran salto; si bien es cierto que podríamos establecer que el efecto, en este caso la primera manifestación de lo sagrado, es causado por esa toma de la realidad de este mundo y que, por lo tanto, podríamos decir que desde que el hombre es considerado hombre es un Hombre Religioso.

Hay que aclarar que cuando hablamos de religión o de hombre religioso utilizamos el término para facilitar la compresión del texto. Obviamente, el concepto de religión que manejamos hoy día dista mucho de ser algo ni remotamente parecido a lo que los primeros hombres manejaban.  Pensemos en un conjunto de creencias articuladas mediante ritos y formas poco variables que, usadas de manera que pudieran ser reconocibles entre los diferentes miembros de una comunidad, servían para dar respuesta a los interrogantes inherentes a la realidad de los humanos primitivos.

El estudio de estos comportamientos, por su condiciones excepcionales, nos obliga a practicarlo desde una posición holística, más si cabe que en otras disciplinas. La especialización en una época determinada y su posterior revisión desde un punto de vista más global puede cambiar considerablemente el resultado final. Por tanto, el método comparativo, atendiendo a la información que poseemos de una sociedad actual con estos rasgos, será lo más correcto. Dejar en blanco una parte enorme de la historia del espíritu podría llevarnos a fomentar la idea de que durante mucho tiempo la actividad de estos humanos primitivos se limitó a la conservación y transmisión de la tecnología.

La comparación entre elementos comunes nos ofrece una justificación científica:

  • Dando por supuesto la unidad de la especie, con comportamientos semejantes, las creaciones religiosas han de resultar comparables en última instancia.
  • Las respuestas ante un reto ecológico (atendiendo a esta unidad mencionada en el primer punto) suelen ser de índole semejante. Dos sociedades diferentes en el tiempo podrían enfrentarse a estos problemas de forma semejante. Por lo tanto, los retos históricos parecidos determinan respuestas parecidas.
  • Una mejor adaptación propicia una mejor recolección de datos y, por tanto, las que poseen rasgos más redundantes y clarificados son aquellas que han pervivido.

Aunque el proceso de hominización no nos resulta especialmente relevante, porque ya sería entrar en otras disciplinas, es importante explicarlo brevemente. Digamos que la postura vertical marca el inicio y que, evidentemente, permitió vislumbrar el mundo tal y como nosotros lo vemos: separado por cuatro direcciones. Esa sensación original de sentirse proyectado en el medio, el desconocimiento y la amenaza hizo necesaria las respuestas evolutivas. La posición bípeda nos permitía viajar recorriendo distancias largas, éramos más lentos, pero este sistema nos permitía liberar las extremidades superiores, cargar con objetos   Parece razonable establecer aquí un punto de partida para lo que queremos explicar. Respuestas, actos, ritos, magia, mitologías como modo de sobrevivir en un medio en el que tendemos a la desorientación. Un animal que sigue un rastro apenas está condicionado por su entorno, una fila de hormigas sigue su camino porque no hay otro posible. El ser humano no tenía ninguna fila que seguir, ni ningún rastro al que aferrarse. Su mirada poco a poco se fue haciendo más compleja y la inmediatez que le ofrecía el instinto dejo paso a otras percepciones.

Otros hechos relacionados, aunque ya conocidos, son el empleo de utensilios de forma ingeniosa y la domesticación del fuego. Hay que tener en cuenta que no solo los utilizaban, sino que eran capaces de fabricarlos, incluso fabricar utensilios para hacer otros utensilios. Y por si esto fuera poco, los conservaban para usarlos más tarde. Otro de los rasgos que cabe destacar es la creación de utensilios que no prolongaban órganos del cuerpo y que servirán para hacer tareas más complejas. Deducimos de este acto que no solo se fijaban en sus capacidades, sino que aprendieron a fijarse en otros elementos de la naturaleza. El más antiguo “documento” de la utilización, transporte y creación de fuego es un yacimiento en Chu Ku Tien (600.000 años. Hombre de Pekín), pero es posible que fuera antes. Un utensilio, prehistórico o no, sólo puede revelar su intencionalidad tecnológica, mientras que se nos escapa todo lo que quien lo produjo o lo tuvo pensó, sintió o imagino en relación a él.  Es importante no perder de vista esto conceptos para entender de forma clara que el hombre prehistórico ya se comportaba como un ser dotado de inteligencia e imaginación. El afecto que estos homos protoreligiosos tenían a las herramientas que les eran útiles para sobrevivir en su día a día pronto torno en adoración. Imagina la satisfacción que sentiría al verse fortalecido por algo que el mismo había creado. La materia daba sus primeros y torpes pasos hacia la independencia, concediendo a un ser vivo la capacidad de tomar cierta ventaja. Su esfuerzo evolutivo había dado sus frutos. La materia modelada y creada para satisfacer las necesidades de estos pobladores terrestres cada vez más inteligentes pronto tornó en algo divino. Sí ya difícil era entender el porqué del mundo en el que veían, más difícil debió ser entender esa capacidad creadora. Lo divino estaba a punto de aparecer por primera vez en la historia de la humanidad.

EL LENGUAJE: 

El lenguaje es el otro punto importante a tener en cuenta, para muchos, el más importante. Es difícil determinar cuál fue su causa o si, por el contrario, fue una consecuencia. Leslie White, pilar del neoevolucionismo y la evolución sociocultural de mediados del siglo XX, dijo que la aparición del lenguaje no fue simplemente una novedad evolutiva, sino la innovación más radical en la evolución desde que apareció la vida. Es algo que podríamos llamar exclusivo de la humanidad. Es necesario mirar hacia atrás e intentar imaginar los efectos del lenguaje en los primeros homínidos. Le permitió el pensamiento y  la comunicación, escapar de la pura realidad del presente y descubrir otros reinos. Los deseos, la mentira, lo posible o imposible, lo verosímil o lo valioso entraron a formar parte de la conciencia humana. El lenguaje permitió al hombre crear una cultura. Hay que dejar claro que el ser humano vive y sólo puede vivir en función del significado que él mismo ha inventado sobre su existencia. Con el lenguaje, el hombre completó su proceso para convertirse en co-creador del propio mundo en el que vivía.

RITUAL:

Como punto final a esta primera parte, intentaré simplificar al máximo la definición de ritual, la extensión material de lo sagrado y las implicaciones relacionadas con la participación del ser humano. Es imposible determinar o poner nombre a la religión que practicaban los primeros homínidos; su puesta en práctica y su difusión por parte de los seres humanos es lo que nos permite su estudio. Comúnmente, entendemos que un ritual es la ejecución de secuencias (cuya variabilidad no es necesariamente relevante) de actos formales y expresiones por quienes la ejecutan  y que posee una intencionalidad comunicativa:

  • La primera de sus características atiende al establecimiento. Los actos formales y las expresiones siguen un orden establecido por otros. Salvo que admitamos el origen divino, cualquier ritual implica agentes humanos en su creación. El mero hecho de intentar establecer un punto de partida ya supone un problema. En lo humano y lo divino, el conocimiento está limitado por sí mismo, se difumina y todo lo que podemos establecer son conjeturas más o menos plausibles.
  • La formalidad es el segundo aspecto, y uno de los más obvios. Entendiendo esto por la utilización de gestos de manera puntillosa y repetitiva y la ejecución en contextos específicos en el tiempo y en el espacio. Todo se reduce a un extremo poco variable (con la intención de no generar excepciones), es decir, rituales lo suficientemente elaborados a los que denominaremos órdenes litúrgicos.
  • La inmutabilidad (más o menos) es otro de los conceptos más importantes, generado obviamente por la segunda característica, la forma. No obstante, pese a lo evidente de este punto, está claro que si la inmutabilidad fuera algo rígido hoy día los rituales  serían muy diferentes. Para entender esto debemos pensar en un practicante católico que asiste a una comunión y en el momento de recibir la eucaristía, por los motivos que fuese, decide no participar de esa parte del rito. Otro ejemplo podrían ser los sacrificios a los dioses de las civilizaciones andinas, donde puede no especificarse el número de criaturas a sacrificar.
  • La ejecución. Si no hay ejecución no hay ritual. Los órdenes litúrgicos pueden escribirse en libros, pero el registro no es en sí mismo un ritual. Sabemos cómo eran las liturgias realizadas en los templos de Sumer y Acad, pero no su ejecución.  No obstante, la ejecución formal no siempre es un ritual y es aquí donde hay que poner énfasis a la hora de analizar los documentos prehistóricos. Ritual y ceremonia, aunque a veces pueden solaparse, no siempre significan lo mismo.

Las acciones rituales no producen un resultado práctico en el mundo exterior. En principio, es una afirmación aceptada por prácticamente todos los eruditos en la materia. Es por eso que son rituales, porque consideran que la falta de eficacia es una característica definitoria. Entre debates, ejemplos y contraejemplos para determinar la efectividad o no efectividad, volvemos a la parte del lenguaje para hacernos una idea de lo importante que puede ser para nosotros analizar la eficacia de un ritual realizado por un hombre prehistórico. Si el efecto no puede ser percibido, es preciso especificarlo mediante palabras. Aunque un hechicero vudú clave alfileres a una imagen, por mucho que el acto en sí sea una representación, la relación debe estipularse, al menos implícitamente, con palabras. ¿A qué persona va dirigido ese rito? ¿Quién es el beneficiario? ¿Cuál es el objetivo? Todo esto debía estar especificado con palabras o pensamientos.

No obstante, la estrecha relación entre la vida cotidiana y lo sagrado, lo ceremonioso y lo litúrgico siempre es muy difusa. No sabemos con exactitud dónde acababa una cosa y donde empieza la otra. Aunque parece ser que la separación que nosotros a día de hoy podemos hacer de lo patente y lo oculto para ellos no era tal. Meyer Fortes,  un reconocido antropólogo de origen británico, afirma que el que realiza el ritual ve el mundo como una mezcla entre lo aparente y lo oculto que se representa de forma entretejida creando una realidad unificada. El estudio comparativo de las tribus a lo largo del siglo XIX y el siglo XX nos permite afirmar que esa idea es y fue una idea casi universal.

Para terminar, una pequeña reflexión. Imaginad que sois un ser humano del 500.000 antes de cristo y que portamos una pira con fuego que ayuda a calentar a nuestros semejantes. Hemos fabricado armas que nos sirven para cazar animales y defendernos de los depredadores. Estamos cerca de un río de aguas cristalinas que nos ofrece alimento, bebida y un lugar estratégico donde poder pasar una temporada. También es un punto de referencia, una marca en el mapa. Por las mañanas una gran bola de fuego amarillo nos da calor y nos sirve como guía. Es cíclico, siempre está ahí. Y la luna también y los pequeños puntos sobre el firmamento. Imaginen a un humano hace medio millón de años, con todo ese poder, ese conocimiento y, sin embargo, no era capaz de entender realmente por qué estaba allí. Qué es lo que tenía que hacer. Sus instintos básicos regulaban una vida, pero no había conceptos, no había yugos de ningún tipo. Imaginad, entonces, lo transformadora que puede llegar a ser esa compresión de uno mismo, de sus existencia, o más bien la falta de compresión. Las respuestas se hicieron necesarias. Poco importaba cual fuera la pregunta. Sacralizar lugares, objetos, el acto en si de alimentarse, de verse con la capacidad cazar, de crear. La religión, el ritual o cualquier tipo de liturgia tiene su origen en el acto de celebrar la existencia, la conciencia de uno mismo, el agradecimiento, el amor y la fraternidad hacía lo semejante y lo ajeno.

Mis mejores deseos para todos.

Gregor.


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